miércoles, 12 de marzo de 2014

Niños y kárate, una combinación perfecta

by Antonio Zurita

Existen muchas razones por las que la combinación 'niños' y 'práctica de karate' resulta perfecta y aconsejable. En la actualidad, es aceptado por todo el mundo que la práctica diaria y habitual de ejercicio físico no sólo es recomendable, sino que es necesaria si pretendemos disfrutar de una vida mejor, más saludable y, consecuentemente, más feliz. No hay que olvidar que la máxima mens sana in corpore sano tiene muchísimos años de existencia y ha sido aceptada unánimemente como un principio de la vida misma: para disponer de una recta personalidad y un comportamiento socialmente correcto debemos disponer de un cuerpo sano, que nos proporciona la practica continua y constante de un deporte, especialmente desde la edad infantil.

Llegados a este punto, podría pensarse que cualquier deporte o actividad física colmaría la necesidad de práctica deportiva en los niños. Pero ¿cuál es realmente ese deporte que no solo nos proporcione el bienestar físico, sino también que nos forme como personas válidas? La respuesta es, sin duda alguna, y por las razones que expongo a continuación, el KARATE.

Concentración. La práctica del karate requiere de unas altas dosis de concentración para poder ejecutar correctamente todas sus técnicas. En este sentido, el niño que practica karate se acostumbra a utilizar de forma muy importante y diaria la concentración como medio para alcanzar el dominio de las técnicas. Esta utilización le va a permitir obtener unos mejores resultados, en sus estudios, primero, y en su trabajo, después.

Respeto y Educación. El karate desarrolla la personalidad y carácter de quien lo practica. Los principios de respeto y educación, tan necesarios e imprescindibles en el desarrollo de la personalidad de los niños, están presentes en todos y cada uno de los actos que practica diariamente el karateka. En este sentido, el niño adquiere, sin darse cuenta, el hábito cotidiano del respeto hacia sus compañeros y hacia sus superiores (padres, profesores).

Confianza y seguridad. El karate es un excelente medio de defensa personal. Por ello, aconsejo vivamente la práctica del karate para los niños, pues al aprender técnicas de defensa personal van adquiriendo paulatinamente confianza y seguridad en sí mismos.

Condición física. Puede parecer obvio destacar las cualidades que reporta la práctica del karate, pero es necesario destacar que se utilizan todas y cada una de las partes del cuerpo; pues las armas son nuestros brazos, piernas, codos, dedos, manos, pies, rodillas, etc. Es por ello que el niño aprende a utilizar su cuerpo como instrumento de defensa ante un ataque ilegítimo. Así, la utilización continua y constante de todo el cuerpo favorece un desarrollo físico integral del niño.

Personalidad. La práctica del karate proporciona un mejor y más adecuado desarrollo de la personalidad del niño. De mi experiencia como Maestro de Karate durante más de 25 años, puedo asegurar que el niño introvertido, tras unos meses de práctica del karate, es capaz de relacionarse sin problema alguno con otros niños de su edad; gracias al fomento del compañerismo y del respeto hacia el adversario. En cuanto al niño inquieto y excesivamente extrovertido, cambia rápidamente su forma de comportarse; pues ve como sus compañeros se tratan entre sí de una forma cordial y respetuosa, lo que le lleva a amoldar su carácter inquieto a la forma de comportarse de sus compañeros. Por último, los niños agresivos adquieren el conocimiento de que el karate no está pensado para atacar, sino para defenderse de un ataque injusto. En este sentido, poco a poco van moldeando su personalidad hasta acomodarla al respeto, la educación y el correcto comportamiento.

A la vista está que la práctica del karate es total y absolutamente beneficiosa para los niños. Por ello, desde este periódico no dudo en recomendarlo vivamente a todos cuantos tienen a su cargo la educación y cuidado de los más pequeños pues estos, practicando karate, alcanzarán un mejor, más completo y armónico desarrollo de su personalidad y, en definitiva, llegarán a ser capaces de comportarse y vivir en sociedad como ciudadanos plenamente válidos y responsables.


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